ANTES DE DACHAU…

Los españoles en transito: guerra, retirada, deportación, silencio

Era julio de 1936. El verano había llegado a Barcelona y sus calurosas noches invitaban a prolongar las tertulias hasta la madrugada, para así resarcirse del calor del día. Los deportistas inscritos en la Olimpiada Popular, que iba a celebrarse del 19 al 26 de julio en el estadio de Montjuïc, se paseaban por sus calles, ajenos a lo que unos días más tarde les iba a suceder. La Olimpiada Popular, se había consolidado como un evento deportivo, alternativo al que iba a celebrarse en el Berlín de la Alemania nazi, mostrándose ante el mundo como un encuentro internacional antifascista, impulsado por la Internacional deportiva roja y organizada en Barcelona por el Comité Català pro Esport Popular-CCEP. Se inscribieron más de 6.000 atletas, hombres y mujeres de 23 países, para competir en más de 19 modalidades deportivas.

4. Medal Olimpiada Popular

(Foto cedida por Enrique Urraca. Barcelona)

Las ciudades de Barcelona y de Berlín habían competido para ser el escenario de la XI edición de los Juegos Olímpicos y, aunque Barcelona disfrutaba de una cierta ventaja, finalmente el Comité Olímpico Internacional-COI eligió la candidatura de Berlín como sede de los mismos. El Gobierno del Frente Popular de la II República, considerando que en este encuentro deportivo se enaltecían los valores de ideología nazi y fascista, decidió no participar, y no enviar representantes españoles a los Juegos de Berlín

La mañana del 18 de julio, los habitantes de Barcelona habían amanecido a la espera de recibir noticias de lo que estaba ocurriendo en el protectorado español de Marruecos. La incertidumbre planeaba libremente por sus calles en un latente fluir de lucha antifascista. En el interior del Palau de la Música Catalana, el violoncelista Pau Casals estaba ensayando con su orquesta y el Orfeó Gracienc, el último movimiento de la Novena de Beethoven con el que se iba a inaugurar la Olimpiada Popular. Casals y algunos miembros de la orquesta y del coro habían tenido dificultades para asistir al ensayo. Llegar a Barcelona en coche desde su residencia en el Vendrell, se transformó en un complejo viaje; los controles en las carreteras ralentizaban los desplazamientos y la red ferroviaria no funcionaba.

Por fin el ensayo pudo iniciarse, pero sucedió algo inesperado. De repente, la orquesta y el coro tuvieron que interrumpir el ensayo cesando su actividad, para escuchar atentamente la noticia que, desde el Palau de la Generalitat les hacían llegar con un emisario: “ un grupo de militares se habían alzado contra el gobierno de la II República, en los territorios españoles del norte de África, en las ciudades de Melilla, Tetuán, Ceuta y Larache”. Las palabras llenaron todo el espacio, substituyendo a la música. Ese cambio de registro modificó en un segundo sus vidas. Esas frases auguraban un complejo desenlace y, dada la gravedad de lo que estaba sucediendo, se decidió suprimir el accidentado ensayo. En las calles cercanas al Palau, ya se estaban levantando barricadas y en las Ramblas podían oírse los primeros disparos entre los sublevados y los fieles a la República.

5. Palau de la Musica Catala Barcelona

(Foto cedida por Cristina Cristóbal 2016. Palau de la Música Catalana. Barcelona)

Esta fecha del 18 de julio lo transformó todo, y muchos de los atletas, mujeres y hombres que habían venido a participar en la Olimpiada Popular, se sumaron espontáneamente a las luchas callejeras, uniéndose a las Milicias Obreras a favor de la II República, formando unidades de voluntarios extranjeros que partieron desde las Ramblas de Barcelona hacia el frente de Aragón. Con ese gesto de solidaridad, había nacido el embrión del movimiento, que se constituiría en octubre de 1936 como las Brigadas Internacionales, cobrándose su primera víctima mortal en la figura del atleta austriaco Mechter, que murió el 19 de julio. Las Brigadas internacionales, representaron el mayor movimiento de solidaridad internacional de la historia reciente de la humanidad. Hombres y mujeres dejaron sus hogares y trabajos para apoyar a la II República Española y combatir el fascismo, encarnado en el golpe militar y suscrito por Francisco Franco. Estos voluntarios estuvieron en activo hasta el 23 de septiembre de 1938, porque el pacto de no intervención creado en 1936 por Francia, y apoyado por el Reino Unido, forzó al Gobierno de la II República Española a disolverlas; su marcha conmovió a los brigadistas y a los españoles, que salieron a las calles para despedirles agradecidos por su compromiso y ayuda antifascista.

Y llegó diciembre de 1938. Barcelona cae y las tropas franquistas llenan las calles como una mancha de aceite que se expande. La huida se hace necesaria, tiene que ser rápida, sin enseres que llevarse. Miles y miles de hombres, mujeres, ancianos y niños; familias enteras han de abandonar sus hogares con premura y dirigirse a pie hacia los Pirineos, para cruzar la frontera hacia la idealizada Francia, refugiándose en las cunetas de los caminos, en su huida de los ataques aéreos, que la aviación franquista, alemana e italiana ejercían sobre ellos.

La “Retirada” había comenzado. Era invierno, y en febrero las montañas del Pirineo estaban nevadas; soplaba un fuerte viento en el Ampurdán y casi medio millón de almas iniciaban el éxodo de la esperanza, que se convertiría en un perenne exilio y en un primer paso para los trabajos forzados, la deportación y el silencio. Los gendarmes con su “Allez” “Allez” los van empujando, ajenos a lucha que toda ese masa llevaba en sus entrañas desde 1936 y que ahora, en 1939, les obligaba a dejar sus raíces. Las consecuencias de la lucha contra el fascismo en España, había comprometido a miles y miles de hogares: tres años de guerra, de hambre, de persecución, de soledad, de sacas, de camiones, de tiros en la nuca, de desolación y de muertos en cunetas.

Y al cruzar la frontera el temor seguía con ellos. La incertidumbre de lo que les podía suceder a los que se habían dejado atrás en sus pueblos y ciudades: a sus padres, hermanos, amigos, mujeres e hijos, era un dolor añadido al dolor del exilio. Sin duda, los que se habían quedado, se habían convertido en posibles rehenes y víctimas sobre las que ejercer la represión, el encarcelamiento, la violación, o el asesinato por las tropas sublevadas, o por los falangistas ávidos de exterminar cualquier idea republicana que estuviese aún viva, el simple hecho de ser un familiar, o amigo de un “republicano” era suficiente. De madrugada, los camiones llegaban a las puertas de las casas, para llevarse a hombres y mujeres hacia las afueras del pueblo o a cualquier tapia de cementerio para silenciar su vida con un tiro en la nuca. Una fosa anónima, era el mudo testigo de lo sucedido.

El Gobierno Francés vio en esta masa humana republicana, a un peligroso enemigo para su Estado, no queriendo acogerlos en su tierra. Escritores, poetas, músicos, médicos y trabajadores, perdieron su identidad, dejando una España vacía y a una Francia, que perdió la oportunidad de acoger a la intelectualidad y a los abnegados trabajadores de su país vecino. En su lugar abrió los campos de internamiento, donde un agujero en la arena de la playa, era el cobijo para el frio y el viento. Era la cama donde dormir o el agujero donde comer; sin mantas, ni fuego donde calentarse. Las familias fueron separadas, los hombres jóvenes a un lado, las mujeres, los niños y los ancianos a otro. Alambradas que los separaban… Y como suele ocurrir siempre a las mujeres, era necesario ir en grupo, en algunos momentos del día, por el riesgo de ser violadas por sus vigilantes.

3. Beach Argelés sur Mer France

Foto: Sonia Subirats (Playa de Argelès-Sur-Mer (Francia))

Pero una esperanza apareció en el horizonte de las vidas de esas mujeres: la Maternidad de Elna. Fundada en 1939 por Elisabeth Eidenbenz, se convirtió en un refugio para las mujeres españolas que estaban embarazadas e internadas en los campos de concentración del sur de Francia. Elna las ayudó a dar a luz a sus hijos, en unas condiciones mínimas de salud y así nacieron un total de 597 niños y niñas. Más tarde, esta misma maternidad ayudó a mujeres judías, que compartían el mismo trato que las españolas y de nuevo, otros 200 bebés más, pudieron nacer entre sus muros. La Maternidad de Elna fue clausurada por la Gestapo en1944.

Francia se sentía incomoda con la presencia de los españoles en su tierra. A principios de 1939, decidió que los refugiados extranjeros debían resarcir al Gobierno Francés por estar en sus fronteras, obligándoles a cumplir una contraprestración semejante al “servicio militar”, que realizaban los ciudadanos franceses. En septiembre de 1939 se convirtió en un servicio obligatorio. Nacen las compañías de trabajadores extranjeros como unidades militarizadas. Su trabajo era realizar obras de construcción de defensa de las fronteras y, alrededor de unos 20.000 republicanos, formaron parte de este contingente. Otros españoles fueron obligados a realizar tareas agrícolas o en la industria.

El gobierno de Pétain, tras el armisticio franco-alemán, continuó manteniendo militarizados a los españoles que se habían enrolado en la Legión Extranjera. Como continuaba la desazón por albergar en terreno francés al contingente de exiliados republicanos, se les conminó a elegir entre tres opciones: 1) La repatriación, cosa imposible para estos refugiados, porque regresar a España era morir. 2) Trabajar en el campo o en la industria (Grupos de Trabajadores Extranjeros – GTE) . 3) integrarse como trabajadores forzosos en el Norte de África. Pero no todos los republicanos españoles, pudieron acogerse a estas opciones, quedándose encallados en los campos de internamiento del gobierno de Vicky, sin otra posibilidad de salida.

Otro porcentaje de españoles, encontraron una oportunidad diferente para salir de esta situación de internamiento en el Sur de Francia, al poder acceder a los llamados “barcos del exilio”, fletados por el SERE (Servicio de Evacuación para los refugiados Españoles 1939-1945) y la JARE (Junta de Auxilio a los republicanos Españoles. Creada en Paris en 1939 por la Diputación permanente de las Cortes republicanas en el Exilio) y embarcarse rumbo a México, a Chile o a la República Dominicana, creando así un sueño de vida en ellos, pero con la nostalgia de un exilio exterior y el peso de un exilio interior, que les acompañaría a lo largo de su vida.

La lucha contra el fascismo y el nazismo, se mantuvo en el ánimo de los españoles y españolas fieles a los valores republicanos; incorporándose a la Resistencia tras la invasión de Francia por el ejército alemán en el verano de 1940. Este contingente de combatientes fueron un objetivo prioritario para la Gestapo que, con la ayuda de informadores españoles adscritos al régimen franquista, que se movían con total impunidad por Francia, buscaban a sus miembros para ser asesinados, encarcelados, o deportados, como lo fueron los españoles encarcelados en la prisión de Eysses. Tras el fracasado motín, partieron desde la estación de Penne d’Agenais, via Compiège, para ser deportados, al campo de concentración de Dachau y de Allach.

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Foto cedida por Cristina Cristóbal (Wagon en la estación de Vernet d’Ariège. Francia)

El desembarco de las fuerzas aliadas en 1944, fue el detonante para la deportación masiva a los campos de concentración y de exterminio. El régimen nazi intuía su derrota y decidió dar luz a su proyecto final. Las redes de ferrocarriles franceses, fueron la tela de araña que facilitó el trasiego de gente en vagones, en condiciones de mal trato y de violencia extrema.

Los campos de internamiento franceses seguían llenos de españoles. Para algunos había sido su habitáculo desde su llegada a Francia en 1939 y como la deportación masiva había comenzado, ante la presencia de esos “rojos españoles”, Hitler quiso preguntar a Franco sobre qué quería que se hiciese con los españoles que estaban internados en los campos franceses. La respuesta del Dictador fue clara y sin titubeos: -fuera de las fronteras españolas no había españoles-. Con estas escuetas palabras, firmó la sentencia de muerte de quienes habían defendido la legalidad de la II República. La deportación fue su destino, y llevarla a cabo una solución sencilla para eliminar aquellos a los que consideraba como una escoria humana. Los países aliados no supieron ver que el nazismo había triunfado en España. No fue necesario invadirla en el otoño de 1939, porque ya formaba parte de los países alineados al III Reich desde el verano de 1936. La segunda guerra europea ya había comenzado con su alianza al golpe militar que derrocó a la II República.

El campo de concentración de Dachau, añadía una nueva incertidumbre a las que ya llevaban vividas, pero en este inhóspito lugar, su destino volvió a cruzarse con la presencia de los Brigadistas Internacionales, que también habían sido deportados a Dachau. Sus ideales comunes de lucha antifascista y el compartir un mismo idioma, el español, fue de vital ayuda para los españoles que, en su mayoría, desconocían la lengua alemana, y el -NO PASARAN- volvía a tener fuerza, siendo más un deseo y una nostalgia que una realidad. Una placa en el Memorial recuerda a estos generosos Brigadistas.

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Llegó la liberación en abril de 1945. Un día de extraña realidad, de confusión, de violencia y de desamparo. La mayoría de deportados pudieron regresar a sus países de origen, a sus casas con sus familias, con sus amigos, pero la liberación no fue igual para todos. Los españoles no pudieron hacerlo, era impensable regresar a España. El régimen fascista de Franco no lo permitía y era fácil ser delatado por los adictos al nuevo régimen y ser fusilado sin juicio. De nuevo, les invadía la pregunta de: ¿regresar a dónde?; nadie les quería en sus tierras. Informar que estaban vivos ¿a quien?; el miedo seguía activo. Sabían que sus familias podían ser represaliadas por el simple hecho de ponerse en contacto con ellas y este sentimiento de culpa, silenció a muchos deportados, ocultando a sus seres queridos que estaban vivos. Algunos murieron, en soledad, poco después de la liberación. Otros no pudieron reencontrarse con sus familias hasta mucho tiempo después de finalizada la guerra. Otros formaron nuevas familias; familias rotas, familias reconstruidas. Volver era imposible. Los muertos quedaron mudos, solo la búsqueda por parte de las familias ha permitido saber de ellosDolor y silencio.

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Las esperanzas que habían depositado los españoles, convencidos de que después de liberar a Francia de la ocupación nazi, las fueras aliadas les ayudarían a derrocar al régimen fascista de Franco, quedó todo en un sueño. Ante el éxodo, el exilio, los trabajos forzados, los campos de concentración, los barcos del exilio… Europa los silenciaba. Nadie recordaba que la compañía Lincoln que liberó París “ La Nueve” estaba formada por republicanos españoles y el silencio llenó sus vidas, España fue silencio y Europa olvidó.

La guerra había acabado hacía cinco años, y una nueva sombra cayó sobre los republicanos españoles que, aunque ya habían sido reconocidos como héroes de la resistencia francesa, la operación Bolero-Paprika, llevada a cabo en Francia el 7 de septiembre de 1950, volvió a perseguirlos por considerarles unos comunistas peligrosos, obligándoles a abandonar el lugar donde residían para mantenerse vivos. El Hospital Varsovia de Toulouse fue considerado uno de sus refugios y se actuó clausurándolo y deteniendo a todo el equipo médico, como medida para eliminar las organizaciones comunistas españolas en Francia.

El olvido y la des-memoria han sido como una oscura y larga noche que ha durado casi ochenta años. Las cunetas españolas siguen llenas de muertos anónimos, que están esperando ser encontradas, para devolver los restos a sus familias.

 

De nuevo quiero recordar las palabras atribuidas a Pau Casals en su último concierto en España, realizado en octubre de 1938 y que cito textualmente de la biografía que Robert Baldock escribió sobre Pau Casals, que dice: “Durante un ensayo hubo un ataque aéreo y los músicos tuvieron que buscar cobijo precipitadamente. Cuando terminó, Pau Casals cogió su violonchelo y empezó una Suite de Bach, hasta que los músicos estuvieron listos para seguir”. En este mismo concierto Pau Casals lanzó un premonitorio mensaje al mundo: “No cometáis el crimen de dejar que asesinen a la República. Si permitís que Hitler gane en España, seréis las próximas víctimas de su locura. La guerra se extenderá por toda Europa, por el mundo entero. Venid a ayudar a nuestro pueblo”.

 

 

Cristina Cristóbal Mechó

(nieta de Fermín Cristóbal López 94139. Deportado y fallecido en Dachau)

Presidente de la Asociación Amical Dachau-AAD

Miembro del CID

Barcelona junio de 2021

 

Enlaces de interés:

1.- Documental: Idioma Francés

"L'exode d'un peuple", un documentaire de Louis Llech (France, 1939), accompagné par Virgile Goller à l'accordéon.

https://www.youtube.com/watch?v=D-DVuB1nyhE

 

2.- DocumentaI: idioma Francés

Espagne 1939 La Retirada (5)

https://www.youtube.com/watch?v=TBi9o643Pvs

 

3.- Documental: Idioma Catalán

La retirada republicana

TV3 Trinxeres - Capítol 8 - La retirada republicana: De Barcelona a Argelers

https://www.youtube.com/watch?v=theiE7xFapg